Ramón Muñoz Alvarez nació en Plasencia (Cáceres) y falleció el pasado 5 de octubre.

Ingresó como funcionario del Tribunal de Cuentas a poco de restablecerse éste, tras la conmoción de la Guerra Civil, con la Ley de 3 de diciembre de 1953.

Uno de los ámbitos en el que sus aportaciones esenciales resultaron especialmente importantes, fue el de la proyección exterior del Tribunal, tanto en el ámbito europeo, como en el iberoamericano.

En abril de 1977, en una reunión de INTOSAI (la Organización Internacional de los Tribunales de Cuentas) se convirtió en el artífice de lo que se pasó a llamar después la «Declaración de Lima. Líneas Básicas de la Fiscalización», con este punto esencial, básico para un buen funcionamiento de la democracia, de acuerdo con una famosa declaración de Montesquieu sobre la división de poderes: «Es indispensable que cada Estado cuente con una Entidad Fiscalizadora Superior, cuya independencia esté garantizada por ley... La Entidad Fiscalizadora Superior y el grado de su independencia deberá regularse en la Constitución...».

Esto le condujo a una gran amistad con altísimos funcionarios de los Tribunales de Cuentas de otros países.

 Por ejemplo, la que mantuvo con Huber Weber, el austriaco que ahora es miembro del Tribunal de Cuentas Europeo.

En esa línea trabajó intensamente para que la

Comisión Constitucional abandonase el ámbito raquítico del artículo 127 del proyecto de Constitución y surgiese así el 136 y el ahora importantísimo 153 de la vigente Constitución.

Por eso fue lógico que Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón -quien fue el sagaz enlace de las opiniones de Ramón Muñoz hacia la Comisión Constitucional- haya dicho en sus «Memorias»: «Y si el Tribunal de Cuentas alcanzó relieve constitucional, se debió a la tenaz y documentada insistencia del entonces letrado y hoy Ministro de la institución don Ramón Muñoz Álvarez». Precisamente por esa labor oscura, que fue esencial, le fue discernida la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

Y como estudioso, aportó trabajos valiosos de tipo doctrinal precisamente en relación con el Tribunal de Cuentas.

Culminó sus tareas pasando a finales del año 2000 a ser presidente de la Cámara de Cuentas de Madrid cuando ésta iniciaba sus tareas, en la que permaneció, después, como consejero, hasta su jubilación.

Pero, a pesar de eso, al traspasar las puertas del ámbito del Tribunal, al pisar la acera de la calle Fuencarral, se convertía en otra persona: un inteligente y cordial interlocutor; un apasionado coleccionista de sellos de correos, de ediciones de «Alicia en el país de las maravillas» y, muy por encima de todo, de Nacimientos, donde llegó a extremos entrañables.

Una Navidad iluminada por Ramón Muñoz era una Navidad impagable.

· Otras tendencias. Belenistas.

Y por encima de todo esto, su amor por Extremadura. Ahí queda para siempre su adhesión al Foro Extremeño que le permitía, en Madrid, sentirse en su Extremadura, en su Plasencia, con sus poetas, con sus novelistas, con sus fuertes personalidades.

Y, desde luego, en todos los momentos, dejó bien claro su patriotismo. Porque Ramón Muñoz era un gran español.

Sobre su carrera belenista, el autor cuenta con una amplia colección cifrada en unos 60.000 belenes en papel y en otras materias y está a la espera de ingresar en el libro de 'El récord Guinnes'.

Se trata de un belenista mundialmente conocido y que posee tal vez la colección más importante del mundo con diversas piezas alusivas a la Navidad.

Este genial artista que ha viajado por todas las partes del mundo como Miembro del Tribunal de Cuentas, ha confeccionada una amplia colección de belenes de los lugares más recónditos del mundo y en estos momentos cuenta con un amplio dosier de motivos navideños que ronda una cifra impresionante.

Como ya exponemos en otra página de este Boletín, el Museo Tecnológico del Vidrio de La Granja de San lldefonso (Segovia) ofrece en estas fechas una muestra de más de 1.000 belenes de la colección de este insigne personaje.

Es una exposición que invitamos a visitar por la calidad de sus figuras, la variedad de sus rasgos, la multiplicidad de atuendos, la diversidad de ambientes, en definitiva: un verdadero deleite para la vista.