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Tanto la Embajada de Israel en España, como la Federación de Comunidades Judías de España protestaron en la jornada inaugural de Arco 2010 contra las esculturas Starway to Heaven y This Is Not a Philippe Starck del artista Eugenio Merino (Madrid, 1975), al considerar que "valores como la libertad de expresión o la libertad artística sirven en ocasiones de simple disfraz de prejuicios, de estereotipos o de la mera provocación por la provocación. Un mensaje ofensivo no deja de ser hiriente por pretender ser una obra artística".
La comunidad judía reclamó, por su parte, una aclaración de los términos en los que se mueve el arte contemporáneo: "Provocar, subvertir, criticar o satirizar son y han de ser consustanciales al arte; sin embargo, queramos o no, existen límites". El pasado mes, Público entrevistó a la directora de Arco, Lourdes Fernández, y puso sobre su mesa una fotografía de la obra de Merino a la que tuvo acceso el periódico días antes de ser montada. Tras preguntarle si la pieza de Merino podría padecer la censura y la retirada de la feria, sonrió y con seguridad determinó que "no tendría por qué haber ningún problema". Además, la directora |
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quiso dejar claro que la feria no admite este tipo de decisiones al preguntarle si podría haber censura en Arco: "No, jamás. No hay límites", contestaba Fernández. Parece que la cosa no irá más allá, que todo se quedará en queja y protesta, que no se pedirá la retirada de la pieza del stand de la galería ADN... si no hay presiones de más arriba. A última hora pasó Luis Eduardo Cortés, presidente de Ifema, con su director de comunicación para conocer la obra. Entre cámaras digitales, risas y grupos de visitantes especializados que se acercaban a ver la pieza más polémica y divertida de la feria, apenas quedaron en silencio el imán, el sacerdote y el rabino. Ninguno de ellos con el libro sagrado que les corresponde. Detrás, la metralleta que tanto o más ruido está causando. La pequeña escultura se inspira en un diseño de lámpara que Philippe Starck hizo hace cuatro años con un Kalashnikov AK-47. Merino ha utilizado una metralleta Uzi para unirlo a un candelabro menorá. "Simplemente mezcla dos metales y convierte la metralleta en candelabro, no al revés. Por eso está en vertical y no en horizontal. Quien no quiere mirar con cuidado se equivoca", explicó el propio artista al periódico. Con precaución y en secreto Así fue cómo los peores presagios del director de la galería, Miguel Ángel Sánchez, parecían cumplirse ayer a pesar de haber llevado con el máximo secreto la polémica pieza de Merino hasta el último minuto. Compañeros galeristas y coleccionistas le habían avisado del peligro con piezas de este tipo. El mes pasado Merino estaba convencido de que la pieza no se vendería, porque algo tan directo es muy complicado de mover. Y sin embargo, al cuarto de hora de la apertura de Arco a los coleccionistas, se vendía por su precio, 50.000 euros, a una coleccionista privada belga. "Se mostró |
· Otras tendencias. Merino la arma. |
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muy entusiasta. Leyó perfectamente el trabajo, entendió la idea de Eugenio sin problemas ni polémicas. Y reconoció que fue un golpe de amor", cuenta Miguel Ángel Sánchez. "Me dijo que la pieza era perfecta para colocarla en alguna institución de intercambio cultural entre las tres religiones", explica el galerista, al que la mujer todavía no le ha pagado la pieza y teme que con todo este jaleo se pueda arrepentir. Por otro lado, Said Ratbi, del Consejo Islámico Superior de la Comunidad Valenciana, vio la imagen de la obra de Merino en Internet y restó importancia a las críticas, según informa Guillaume Fourmont. "No creo que esta obra ofenda a las religiones. Si la intención del artista es mostrar el diálogo de civilizaciones, no me parece mal. No entiendo por qué la Embajada de Israel se queja, la obra ofende más a los cristianos y a los musulmanes, que soportan el peso del judío", reconoce. "Hay que defender la libertad de expresión. Cada uno puede opinar lo que quiera, y este es el punto de vista de un artista", cuenta Ratbi, que restó importancia al entender que "expresa la opinión de alguien". La Federación de Comunidades Musulmanas de Castilla-La-Mancha no mostró el mismo talante. Mostafa Snabi, vicepresidente, dijo a Público que "las obras de arte deben ser de arte, es decir, no meterse en política. La religión es un tema complicado que hay que cuidar como un recién nacido. Las obras de arte no pueden tener tintes políticos o religiosos". En su particular interpretación de la escultura aseguró que aquello no era un diálogo porque "están uno encima de otro. Hasta puede ofenderme más a mí como musulmán por estar debajo de los demás". Le hubiera gustado otra actitud por parte del artista: "A lo mejor, podría haber hecho un prototipo y haberlo presentado a las diferentes comunidades para ver qué pensábamos". |
