Cuadro de texto: Volumen II — Número 66		        	Mayo 2014

· Vergüenza y orgullo. M. A. Carretero.

Pero este insólito hecho pone en evidencia la ausencia de protección que existe en nuestro país en relación con la conservación de los bienes culturales que nos han sido legados a través de tantas generaciones y que permanecen expuestas a que un malsano capricho de algún visitante dé por finalizada su existencia, al menos como en este caso, en su aspecto integral.

Nuestras autoridades culturales deben ser conscientes y tomar las medidas oportunas para que la responsabilidad que nos compete de salvaguardar un legado histórico tan secular se ejerza de manera adecuada.

Debemos ser conscientes de que en nuestro país existe un número muy elevado de legados que no están debidamente protegidos y que no existe una conciencia generalizada entre nuestros conciudadanos de la responsabilidad que tenemos todos de salvaguardar esta herencia recibida para que nuestros futuros descendientes puedan gozar de la visión de estos tesoros.

Por tanto, la acción de nuestras autoridades culturales debe ir por una doble vía: por una parte, la correcta protección de este legado y, por otra, la educación de los ciudadanos para que seamos conscientes del enorme valor que tiene la debida conservación de dicho legado.

Si bien el hecho comentado puede ser causa de vergüenza, hay otros dos eventos muy recientes, entre otros muchos, que nos tienen que llenar de orgullo por pertenecer a la especie humana.

Ellos son la restauración de las vidrieras de “Las damas de Cerdanyola” y las obras realizadas en vidrio que están sido expuestas en el reciente Premio Coburg y en el que participan con sus obras los españoles Pilar Aldana Méndez, Joaquim Falcó y Meritxell Tembleque.

En páginas interiores de este Boletín hacemos mención a ambos eventos.

El primero de ellos, tras una visita “in situ” al Museo de Arte de Cerdanyola en el que se encuentran expuestas y el segundo mediante la noticia obtenida de la información facilitada por los gestores del acreditado Premio alemán de arte en vidrio.

Es un verdadero disfrute para la vista la contemplación de las tres vidrieras expuestas en el museo catalán, en las que se representan a seis mujeres, dos en cada una de las vidrieras, gozando de la naturaleza.

Estas tres excelentes vidrieras han sido restauradas recientemente por el taller de un vitralista barcelonés, J. M. Bonet, ya que el desgaste de su estructura a través del tiempo hacían necesaria su rehabilitación.

En cuanto al Premio Coburn, es un verdadero placer para los amantes del arte en vidrio la contemplación de las obras expuestas en este importante evento.

En este certamen se han concedido siete premios y otros cuatro más como premios especiales del Jurado.

Con el detalle de todos estos hechos se muestra el haz y el envés, lo positivo y lo negativo, el yin y el yan, de la especie humana.

Nuestra sede:

Castillo Grande de

S.J. de Valderas

Avda. Los Castillos, s/n

28925 ALCORCÓN.

(MADRID)

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Boletín mensual

Cuando el pasado día 21 de abril conocí la noticia de que unos desalmados habían destrozado la pintura rupestre que se conservaba en la Cueva de los Escolares, en pleno Parque Natural de Despeñaperros, en el municipio jienense de Santa Elena, sentí una tremenda vergüenza de ser coetáneo de este hecho indescriptible.

Unas pinturas que han estado conservadas durante más de cinco mil años y declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco, han sido devastadas, al parecer, con un interés con un fuerte componente económico, según se desprende de las diferentes noticias de prensa.

No obstante, parece poco probable que la finalidad de este destrozo sea la de sacar algún provecho material del expolio, teniendo en cuenta lo que refleja la imagen que aparece los distintos medios como la del estado en el que quedaron las pinturas después de la agresión.

Más bien parece un intento de destrozar por destrozar, ya que difícilmente podrían obtener los energúmenos que han provocado el estropicio algún tipo de provecho económico viendo como han quedado las pinturas.

Cuadro de texto: Karen Lise Krabbe