Según informan en su web, y se puede contemplar en el anuncio realizado en azulejos y situado en la portada del convento,

 

 

 

 

 

 

los franciscanos capuchinos se instalaron el L’Ollería en 1601.

Recientemente han inaugurado una hospedería y han instalado en la planta baja del edificio un museo donde conservan piezas de diversas colecciones de ejemplares antiguos de máquinas de escribir, de ordenadores, utensilios de cocina, instrumentos musicales e incluso un violín stradivarius de 1721.

 

 

 

 

 

 

Pero para nosotros, la colección más importante es la de piezas de vidrio, más de 600 entre las que constan elementos desde el siglo XV hasta nuestros días. También tienen una importante colección de herramientas para manipular el vidrio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

· El vidrio en los Museos. Capuchinos de L’Ollería.

Y solo tienen expuesta una parte de su amplia colección por problemas de espacio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También tienen a la vista del público una maqueta de horno para la fabricación del vidrio.

 

 

 

 

 

 

En cuanto a pintura, además de obras de distintos frailes que han estado alojados en el convento, poseen una amplia colección de pinturas de Oscar Marziali, pintor italiano que pasó una larga temporada durante los años 1948 y 1949 en estas instalaciones y se dedicó a representar distintas escenas de la vida cotidiana de esta casa. Destaca entre ellas la titulada “La última cena”.

Las obras tratan de ser "una simbiosis entre el franciscanismo y la naturaleza", para lo que el autor utilizó como modelos a los propios frailes.

Conservan una colección de ochenta piezas de cerámica desde el siglo XV, como azulejos,

pucheros o una bañera en forma de tinaja; así como un "área arqueológica", en la que destacan ocho columnas del siglo XV, así como lápidas funerarias, pilas de agua o moles de grano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acoge también una exposición con fotografías de 1920 a 1950, entre ellas varias tomadas en julio de 1939, una vez concluida la Guerra Civil, en las que se aprecian los "graves daños" que sufrió el edificio.

El claustro del convento tiene una cisterna en el centro y pinturas del siglo XVII en adelante en los lunetos de sus paredes.

En la zona del jardín y de huerta del monasterio, se conserva una parte del acueducto que llevaba antiguamente agua hasta el edificio, así como un mirto al que técnicos de la Generalitat valenciana han calificado como "el más grande y frondoso" de Europa.

El recorrido cultural y religioso por el convento incluye la visita a su iglesia, con un centenar de frescos pintados a mitad del siglo XX por el valenciano Remigio Soler, así como con dos esculturas del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores del artista valenciano Enrique Galarza, uno de "los más prestigiosos escultores" en su época en España.