Justina Rodríguez García. Departamento de Historia Medieval y Moderna. UNED.

Angelo llegó a ocupar cargos importantes, tales como Camarlengo, Cancelliere de la Comunidad de Murano, Lector Apostólico y Secretario papal en Roma. Antonio Averulino, el Filarete, se refiere a él, en su Tratado de Arquitectura, como autor de «belli lavori di Cristalini», y alude a la amistad que les unía a ambos''.

Varios miembros de la familia Barovier continuaron trabajando después de su muerte: Marino, al que también cita el Filarete, Giovanni, Francesco y su única hija, María.

A comienzos del siglo XVII, un miembro de esta familia, Domenico, «gentilhombre de Murano», vino a España, y se estableció primero en Mallorca y más tarde en El Escorial, en donde trabajó para el rey Felipe III.

Apellidos célebres de familias de vidrieros fueron también los Bailarín, Della Pigna, Mocetto y los Serena, entre otros muchos. Son, asimismo, muy numerosos los maestros venecianos documentados fuera de la República del Adriático, especialmente en el siglo xvii, centuria en la que se incrementó notablemente el número de evasiones. Entre ellos merecen ser recordados: Antonio Miotti, que trabajó en Bruselas, Francesco y Giovanni Savonetti, Nicola Stua, establecido en Amsterdam; Bernardino Scapitta, que viajó primero a Suecia y más tarde centró su actividad en Inglaterra y en Alemania.

Todos ellos, casi sin excepción, formaban parte de estirpes de maestros vidrieros, cuyo negocio, como se tenía por costumbre, pasaba de padres a hijos a lo largo de generaciones. En la

actualidad muchas de las grandes firmas siguen llevando los ilustres apellidos del pasado: Barovier, Toso, Seguso...

En contraste con el artista del vidrio de Murano, el vidriero español era un personaje anónimo que trabajaba en su pequeño horno y que atendía una demanda interior, aunque en algunos lugares, como Barcelona y  Cadalso de los Vidrios, se comercializaran sus productos también en el exterior.

La demanda de vidrio veneciano en España —costumbre generalizada en toda Europa, como se ha indicado— fue atendida con la importación de piezas procedentes de Venecia y también de los Países Bajos, en donde trabajaban maestros muraneses muy cualificados. Las manufacturas de vidrio de Murano llegaron a ser un claro signo de status entre las grandes familias de la nobleza, sobre todo en la Corte de Madrid ".

Esta circunstancia afectó muy directamente a la actividad de los hornos españoles de las distintas áreas geográficas peninsulares productoras de vidrio, particularmente en aquellas que, por tradición, se manufacturaba vidrio intencionadamente artístico, como ocurrió en Castilla y Cataluña. Los vidrieros castellanos y catalanes consiguieron hacer frente a la crisis desencadenada por la dura competencia extranjera, utilizando sus propios recursos para conseguir mantener los hornos activos, aunque, sobre todo en Castilla, se vieron muy seriamente afectados.

Barcelona y Mataró fueron los centros de mayor prestigio en la zona de Cataluña por su especial

· El soplador de vidrio (III).

dedicación a manufacturar objetos suntuarios, muy valorados durante los siglos XVI y XVII. Son muchos los testimonios escritos que acreditan la alta calidad del trabajo de los vidrieros catalanes, así como la presencia de «vidrio de Barcelona», junto al de Venecia, en los inventarios de los bienes de la nobleza española.

De la importancia de estas piezas y de su estimación fuera de España queda constancia en la Bictiierografia, de Giovanni Maggi (1606) en donde aparecen, entre los 1600 dibujos de objetos de vidrio pertenecientes al Cardenal del Monte, varias piezas de Barcelona, algunas de ellas esmaltadas.

El vidriero catalán ejercía su oficio controlado muy directamente por las asociaciones gremiales. En el siglo XV el gremio de vidrieros estaba unido al de los esparteros, y en 1456 se redactaron sus primeras ordenanzas las cuales fueron presentadas el 20 de octubre de 1595. En el aspecto laboral se disponía que el operario o aprendiz que trabajase con un determinado maestro no podría cambiar de horno hasta no haber cumplido los cuatro años reglamentarios, excepto por enfermedad o voluntad de éste. Asimismo, los maestros no podían contratar aprendices por menos de cuatro años.

En cuanto a la comercialización del vidrio de horno (así llamado para distinguirlo del de llum o soplete) era necesario haber ejercido cuatro años el oficio y pagar 25 sueldos de entrada en la cofradía para poder abrir una tienda.

(Continuará)

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Justina Rodríguez García. Departamento de Historia Medieval y Moderna. UNED.

Angelo llegó a ocupar cargos importantes, tales como Camarlengo, Cancelliere de la Comunidad de Murano, Lector Apostólico y Secretario papal en Roma. Antonio Averulino, el Filarete, se refiere a él, en su Tratado de Arquitectura, como autor de «belli lavori di Cristalini», y alude a la amistad que les unía a ambos''.

Varios miembros de la familia Barovier continuaron trabajando después de su muerte: Marino, al que también cita el Filarete, Giovanni, Francesco y su única hija, María.

A comienzos del siglo XVII, un miembro de esta familia, Domenico, «gentilhombre de Murano», vino a España, y se estableció primero en Mallorca y más tarde en El Escorial, en donde trabajó para el rey Felipe III.

Apellidos célebres de familias de vidrieros fueron también los Bailarín, Della Pigna, Mocetto y los Serena, entre otros muchos. Son, asimismo, muy numerosos los maestros venecianos documentados fuera de la República del Adriático, especialmente en el siglo xvii, centuria en la que se incrementó notablemente el número de evasiones. Entre ellos merecen ser recordados: Antonio Miotti, que trabajó en Bruselas, Francesco y Giovanni Savonetti, Nicola Stua, establecido en Amsterdam; Bernardino Scapitta, que viajó primero a Suecia y más tarde centró su actividad en Inglaterra y en Alemania.

Todos ellos, casi sin excepción, formaban parte de estirpes de maestros vidrieros, cuyo negocio, como se tenía por costumbre, pasaba de padres a hijos a lo largo de generaciones. En la

actualidad muchas de las grandes firmas siguen llevando los ilustres apellidos del pasado: Barovier, Toso, Seguso...

En contraste con el artista del vidrio de Murano, el vidriero español era un personaje anónimo que trabajaba en su pequeño horno y que atendía una demanda interior, aunque en algunos lugares, como Barcelona y  Cadalso de los Vidrios, se comercializaran sus productos también en el exterior.

La demanda de vidrio veneciano en España —costumbre generalizada en toda Europa, como se ha indicado— fue atendida con la importación de piezas procedentes de Venecia y también de los Países Bajos, en donde trabajaban maestros muraneses muy cualificados. Las manufacturas de vidrio de Murano llegaron a ser un claro signo de status entre las grandes familias de la nobleza, sobre todo en la Corte de Madrid ".

Esta circunstancia afectó muy directamente a la actividad de los hornos españoles de las distintas áreas geográficas peninsulares productoras de vidrio, particularmente en aquellas que, por tradición, se manufacturaba vidrio intencionadamente artístico, como ocurrió en Castilla y Cataluña. Los vidrieros castellanos y catalanes consiguieron hacer frente a la crisis desencadenada por la dura competencia extranjera, utilizando sus propios recursos para conseguir mantener los hornos activos, aunque, sobre todo en Castilla, se vieron muy seriamente afectados.

Barcelona y Mataró fueron los centros de mayor prestigio en la zona de Cataluña por su especial

· El soplador de vidrio (III).

dedicación a manufacturar objetos suntuarios, muy valorados durante los siglos XVI y XVII. Son muchos los testimonios escritos que acreditan la alta calidad del trabajo de los vidrieros catalanes, así como la presencia de «vidrio de Barcelona», junto al de Venecia, en los inventarios de los bienes de la nobleza española.

De la importancia de estas piezas y de su estimación fuera de España queda constancia en la Bictiierografia, de Giovanni Maggi (1606) en donde aparecen, entre los 1600 dibujos de objetos de vidrio pertenecientes al Cardenal del Monte, varias piezas de Barcelona, algunas de ellas esmaltadas.

El vidriero catalán ejercía su oficio controlado muy directamente por las asociaciones gremiales. En el siglo XV el gremio de vidrieros estaba unido al de los esparteros, y en 1456 se redactaron sus primeras ordenanzas las cuales fueron presentadas el 20 de octubre de 1595. En el aspecto laboral se disponía que el operario o aprendiz que trabajase con un determinado maestro no podría cambiar de horno hasta no haber cumplido los cuatro años reglamentarios, excepto por enfermedad o voluntad de éste. Asimismo, los maestros no podían contratar aprendices por menos de cuatro años.

En cuanto a la comercialización del vidrio de horno (así llamado para distinguirlo del de llum o soplete) era necesario haber ejercido cuatro años el oficio y pagar 25 sueldos de entrada en la cofradía para poder abrir una tienda.

(Continuará)